viernes, 5 de octubre de 2012

El poder de la sonrisa

Cuando hablamos de baloncesto, lo hacemos de un deporte de equipo, donde la necesidad del conjunto se sobrepone por encima de las individualidades, de los sujetos. La fuerza de la unión, o la unión hace la fuerza, tanto monta monta tanto. Después de este trabalenguas del imaginario español, permítaseme anunciar mi conclusión en el primer párrafo, desoyendo las reglas periodísticas básicas: divertirse jugando a un deporte, seguro, provoca el disfrute propio y ajeno.

Magic Johnson
Aquellos iluminados que expresan, que denotan felicidad, que sonríen; son ellos los que consiguen enganchar al personal. Porque cuando empiezas en esto no tienes ni idea de nada (y aún hoy me considero exactamente igual), simplemente te fijas en ese jugador que transmite, al que se le ve divertirse en la cancha. Tuve la suerte que mis primeros recuerdos deportivos coincidieron, a una edad muy, muy temprana, con los Juegos Olímpicos de Barcelona. Dos imágenes no se me borrarán de mi memoria y ambas representan como ninguna lo que trato de explicar: Fermín Cacho cruzando la meta del Olímpico ganando la medalla de oro en 1.500; y Magic Johnson. Magic en su totalidad, sonriendo en el pódium, en la cancha, en el banquillo, en cualquier sitio.

Mi seguimiento de la NBA, no me importa reconocerlo, comenzó con la españolización de la misma. Obviamente, sabes quien es Michael Jordan y conoces el 72-10 de los Bulls, pero cuando empiezas a leer crónicas, a ver partidos y a conocer a jugadores es cuando llega Pau Gasol a los Grizzlies.

Pues bien después de este peñazo, y voy a centrarme porque me desvío, hay una persona, un jugador, un mito que me hizo engancharme a la NBA, al baloncesto: Magic Johnson. No sólo por su juego, ni por sus títulos, si no por su sonrisa, porque se divierte en la cancha. Y es que entiendo que el deporte es eso y que quizá se ha ido perdiendo esa esencia, pero es algo que debemos recuperar.

Nos hemos cansado de ejemplificar la palabra equipo en la figura global de la selección española de baloncesto. Con sus fisuras lógicas de un grupo de 12 jugadores diferentes, la importancia del grupo se ha considerado como clave en los éxitos conseguidos. Más allá, extraigo la conclusión de la diversión, de la cohesión que da compartir la felicidad.

¿No nos hemos divertido viendo las medallas olímpicas de España? ¿Acaso no disfrutamos viendo el juego del Madrid de Laso, con toda esa vehemencia ofensiva? Lo que parece claro es que la concepción del deporte que cada uno tenga, marcará la visión de un equipo, de un entrenador, de una filosofía, de un jugador.

Para mi fue Magic el que sembró la semilla de lo que yo considero deporte, sin abandonar la competitividad, pero sin perder la sonrisa, la pasión por lo que haces y la felicidad de hacerlo. No perdamos la perspectiva.

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