Mostrando entradas con la etiqueta Alex Arenas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alex Arenas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de enero de 2013

Triunfando en silencio



Hace unas semanas presentamos a Alberto Corbacho como alternativa y posibilidad real de acudir a la selección española el próximo verano. Los números y las actuaciones del mallorquín así lo reflejaban y lo siguen haciendo. 

De todos es sabido la ausencia de grandes nombres y grandes jugadores en el combinado nacional de cara al próximo Europeo. Pau Gasol, Felipe Reyes, Juan Carlos Navarro y las dudas más que fundadas de Ricky Rubio, Marc Gasol o Serge Ibaka, el primero porque debería emplear el periodo estival para recuperarse completamente de su lesión, y los dos siguientes porque, previsiblemente, sus equipos en NBA llegarán lejos en playoffs, con el desgaste que eso supone. El otro NBA, Jose Calderón, quizá no quiera arriesgarse a cualquier problema físico, ya que está en último año de contrato con los Raptors, con lo que se juega gran parte de su futuro a corto plazo.

Si todos los NBA causaran baja, exceptuando, quizá, a Víctor Claver, y añadiendo a Navarro y Reyes, siete miembros de la plantilla que consiguió la plata en Londres no repetirían, además de no contar con un sustituto de lujo como podría ser Ricky. Y en este terreno de las especulaciones entran los nombres que ya empezamos a señalar con Corbacho. Otro de los que debería estar en las quinielas es un viejo conocido de esta gran generación de jugadores: Germán Gabriel.

El ala-pívot estudiantil, que fue campeón del mundo en Lisboa ´99, dentro de los “Juniors de Oro”, nunca ha tenido la repercusión mediática de sus compañeros y su progresión no ha sido todo lo que apuntaba, se quedó a medio camino. Aun así, Gabriel siempre ha estado cerca de acudir a una gran cita internacional, como cuando formó parte de la lista de 24 preseleccionados por Scariolo de cara al Mundial de 2010 de Turquía.

Pero con tantas bajas, sobre todo en el aspecto interior, el hecho de pertenecer a un equipo como Estudiantes, que siempre tiene esa relevancia nacional y, sobre todo, el temporadón que está realizando, le ponen en la “pole position” de seleccionable para el Europeo de este verano.

Como primer dato, es el jugador más valorado de la liga ACB. Sólo eso debería bastar, pero es que además estamos ante el séptimo máximo anotador de la competición, decimocuarto reboteador y, en líneas generales, el jugador español más en forma de la liga. Su progresión estadística augura que estamos a su mejor temporada de siempre y es el líder de un equipo que se acaba de meter en la Copa del Rey.

Sus 14.5 puntos, 5.5 rebotes, 2.1 asistencias y sus 17.3 de valoración deberían ser suficiente aval para que un jugador de su experiencia, saber estar y, por encima de todo, su talento y calidad acuda a la selección española. Si al final las bajas NBA se produjeran, Germán Gabriel es un nombre a tener muy en cuenta.

martes, 1 de enero de 2013

Jóvenes y cada vez menos preparados

Uno se lleva las manos a la cabeza cuando lee las declaraciones de Dwight Howard en las que dice que no necesita ayuda para mejorar en los tiros libres, que sólo debe concentrarse. El consejo venía de, nada más y nada menos, Steve Nash. El canadiense acredita un 90.4% a lo largo de su carrera.

¿Qué pasa por la mente de un jugador así? ¿Están por encima del bien y del mal? Lo que parece claro es que, en muchas ocasiones, llegar a cierto nivel profesional nubla la mente de los protagonistas. Perder de vista la perspectiva, la realidad, hace que alguien como Howard, que aún no ha demostrado nada en el baloncesto, aparte de alcanzar unas Finales, desoiga los consejos de alguien como Nash, doble MVP y futuro Hall of Fame casi con toda seguridad.

En los últimos años parece que esto se está convirtiendo en una tendencia. Los rookies cada vez debutan más jóvenes, menos preparados y con unas ansias desmedidas por ganar dinero y alcanzar la fama. Pasar del instituto a la NBA ya no es posible, pero el poco tiempo que pasan los jugadores en la universidad afecta negativamente en su formación, tanto personal como baloncestística. En los últimos 10 años, sólo Derrick Rose y Lebron James como números 1 del Draft pueden ser considerados estrellas. Quizá Blake Griffin esté en camino, pero los Bargnani, Oden, Wall, Ming o Bogut, por unas razones o por otras, no han alcanzado cotas mayores.

¿Pero esto sólo se debe a su falta de preparación? No, ni mucho menos. Oden, Bogut y Yao Ming han sufrido lesiones importantes que han impedido llegar al estrellato, pero otros como John Wall, Kwame Brown o Dwight Howard han demostrado una inmadurez propia de los jóvenes que no saben de dónde vienen ni adónde van. El propio Howard, como ejemplo sangrante, apenas ha evolucionado en sus porcentajes en el tiro libre. Claro ejemplo de conformismo y falta de ética de trabajo.

Complicada situación, aunque hay ejemplos que vienen, como Irving o Anthony Davis, que nos reconcilian con los fundamentos, las buenas maneras y la preparación baloncestística. Las habilidades son cada vez menos en la actual NBA, donde predomina el one and one, los bloqueos directos y la ausencia total de recursos técnicos. Confiemos en que esta tendencia de irresponsabilidad se torne en unos jóvenes y cada vez más preparados.

domingo, 9 de diciembre de 2012

La hora de Corbacho

Alberto Corbacho de la Cruz, mallorquín de 28 años. Segunda temporada en ACB. Jugador de Blusens Monbus. Esta es su presentación formal. ¿Por qué hablar de él? ¿Por qué es noticia? En realidad, no es noticia por nada, pero sí lo es por todo. Es decir, la excelencia se ha convertido en normalidad, el nivel a que nos ha acostumbrado Corbacho impide juzgar con perspectiva lo que ha conseguido el alero de Blusens.

Alberto Corbacho de la Cruz
Explosión tardía, en ACB pero con un inmenso y exitoso recorrido en LEB Oro. Hasta cinco fueron sus equipos en la segunda categoría del baloncesto nacional y, en todos ellos, alcanzó el éxito en mayor o menor medida. Cuando estaba en el Ciudad de Huelva incluso fue internacional Sub-20 en el Europeo que España disputó en Brno, República Checa. Desde entonces, pasos seguros pero firmes, hasta que llegó hace dos años a Obradoiro. Con un proyecto levantado de la nada tras la resolución, 18 años después, de ser readmitido en la ACB, uno de los pilares del equipo debía ser Corbacho. Lejos de los focos mediáticos cimentó su juego exterior, ganó presencia y liderazgo y se autoconvenció de sus posibilidades. En la temporada 2011-12, tras ascender con el equipo gallego, su hora había llegado.

Y vaya si la aprovechó. Candidato a Jugador Revelación del Año, casi 10 puntos por partido y un final de temporada que presagiaba lo mejor. Este año ha sido (está siendo) el de su consagración, tanto estadísticamente como en "intangibles". La campaña de Obradoiro está siendo modélica. De la mano de Moncho Fernández, Corbacho está desarrollando sus habilidades exponencialmente. Ya no sólo lanza desde fuera con porcentajes altísimos (47% en triples), sino que participa en el juego, rebotea y es influyente para sus compañeros. En pocas palabras: genera "cosas" en su equipo. Sólo en una ocasión se ha quedado por debajo de los 10 puntos esta temporada, precisamente el partido en que estuvo en cancha sólo 19 minutos. En el resto de encuentros promedia casi 30.

Parece obvio que la hora de Alberto Corbacho ha llegado y tiene ante si una oportunidad de oro. SI sigue esta progresión numérica, si su equipo continúa por buen camino, sin sufrir para salvar la categoría, si el jugador pone de su parte para estar en los focos, ¿por qué no pensar en un Alberto Corbacho internacional absoluto? En un Europeo que se presenta muy "light" por la ausencia de grandes superestrellas en la selección española, la figura de un alero alto bregador y, sobre todo, tirador, se antoja necesaria en un equipo falto, precisamente, de este tipo de hombres.

El nuevo jefe, Orenga, deberá atender a todo tipo de intereses a la hora de elaborar la lista, pero sin presión, sin ningún tipo de responsabilidad (recordemos que España está clasificada para el Mundial 2014 como anfitriona), ha llegado la hora de jugadores importantes en la ACB a los que los Gasol, Calderón, Navarro, Rudy y compañía les han cerrado las puertas. Corbacho es uno de ellos.


lunes, 12 de noviembre de 2012

La rebelión de los modestos

Históricamente, la ACB ha deparado sorpresas en cada una de sus temporadas. Hace dos años, el Blancos de Rueda Valladolid de Porfi Fisac, participó en la Copa del Rey 2011 ¡como cabeza de serie! Y se quedó a una sóla victoria de entrar en playoff.

Otro tanto ocurrió la campaña anterior, donde Lucentum Alicante y Mad-Croc Fuenlabrada (otra vez Fisac, será que no es tan malo) entraron en la Copa de Barcelona. Incluso los alicantinos disputaron la primera ronda de playoff ante el FC Barcelona Regal.

Pero podemos remontarnos unos años atrás. Gran Canaria entró dos años seguidos en las eliminatorias por el título y DKV Joventut llegó a finalizar segundo en temporada regular, cuando su cantera funcionaba y las diferencias entre los equipos eran mucho menores.

Esta campaña en la Liga Endesa se presenta apasionante. Sólo llevamos 4 jornadas pero ver a escuadras como Valencia Basket disputarle el liderato al Real Madrid, modestos como Blusens con mejor balance que el Barça o históricos que recuperan sensaciones como Estudiantes, se me vienen a la cabeza pensamientos esperanzadores.

Hay un dato y un hito esta temporada que apoya y refuerza la esencia de esta artículo: la victoria del Blancos de Rueda Valladolid en el Palau Blaugrana ante FC Barcelona Regal. El propio entrenador pucelano, Roberto González, afirmó que de cien partidos sólo ganarían uno, en las mismas circunstancias. Pero pasó, y eso es algo que sólo ocurre en el deporte y que reconcilia al espectador con el juego, que aporta ese elemento de sorpresa, de imprevisibilidad tan necesario.

Equipos como Blusens, Blancos de Rueda, Lagun Aro, Gran Canaria o Joventut van a ser animadores de esta Liga Endesa, van a quitar más de una victoria al grupo de cabeza y van a dar mucha guerra. Se han rebelado contra el orden establecido, aquel que dice que los Madrid o Barça tiene que ganar todos los partidos. No, ellos no lo quieren, afrontan el partido de turno con la necesidad imperiosa de ganar y de merecer un sueldo que, en ocasiones, llega con retraso porque son clubes humildes y con problemas económicos graves.

Esta rebelión es buena, muy buena. Ninguno de ellos ganará la liga o la Copa, ni llegarán a semifinales o se clasificará para competición europea. De ninguna manera. La alegría en la casa del pobre dura poco, dicen. Pero si cada uno de ellos dan, al menos, una sorpresa en forma de victoria ante uno de los grandes, la rebelión de los modestos habrá sido un éxito y el encorsetado baloncesto europeo dará una alegría a los aficionados.


jueves, 8 de noviembre de 2012

El trabajo bien hecho

''Somos pobres y tenemos que saber vivir con esa pobreza”. Esta frase es de Porfi Fisac en febrero de 2011. Se refería al Blancos de Rueda Valladolid, equipo al que había clasificado para la Copa del Rey. Era la primera vez en la historia que el conjunto pucelano se metía en esa competición por méritos deportivos, ya que las dos ocasiones anteriores lo había hecho como organizador.

Porfi Fisac
En su segunda temporada en ACB tras el regreso de las catacumbas de la LEB, Blancos de Rueda Valladolid inició un proyecto basado en dos pilares fundamentales: la división de competencias ejecutivas entre un director deportivo y un director general; y, sobre todo, Porfi Fisac. El segoviano era (y es) un entrenador con carácter, de los que sube a las oficinas constantemente para quejarse de que una cosa no se ha hecho según su criterio porque, con los hechos en la mano, creía que era lo correcto. A la larga, el tiempo le ha dado la razón, al menos en Valladolid. Su fe en el equipo, en el bloque, en conformar un grupo sólido y sin fisuras era compartida por el responsable deportivo, Eduardo Pascual. Juntos diseñaron una plantilla, a priori, mucho peor que la del resto de los equipos ACB, aunque con bases muy asentadas en la liga.

Si nos ponemos a repasar rivales, por debajo de los vallisoletanos quedaron el Cajasol de Paul Davis, Kaloyan Ivanov, Calloway, Bullock o Kirksay, entre otros. También tuvo que mirar desde abajo a Blancos de Rueda un equipo como el CAI, que contaba entonces con Hettsheimeir, Quinteros, Cabezas o Barlow. Tampoco es tanto, pensarán. Pero es que en la primera vuelta, el equipo se clasifica para la Copa del Rey pasando por encima, literalmente, de Power Electronics Valencia o BIzkaia Bilbao Basket, además de ganar en Pisuerga a Real Madrid o Caja Laboral.

Todos estos datos no hacen sino confirmar que el trabajo bien hecho da resultados. Como ya señalamos anteriormente, Fisac y Pascual engranaron una serie de piezas, algunas desconocidas y otras poco fiables, que dieron como resultado un equipo para la historia. Con una rotación de 9-10 jugadores, los partidos de Blancos de Rueda no dejaban indiferente a nadie. Juego por encima del aro, defensa extenuante, rápidos contragolpes y una dosis de acierto exterior. Lo que desearían todos los entrenadores, vamos. Pues eso lo tenía Porfi.

No hay ningún jugador de aquella época que no reconozca la labor de Fisac como gran motivador, psicólogo, excelente estratega y cuyas carencias tácticas las suplía con un pundonor y una entrega, en partidos y entrenamientos, que contagiaba a toda la plantilla. A medida que avanzaba la temporada, la ciudad de Valladolid empezaba a situarse en el mapa baloncestístico nacional, y con ella, su entrenador.

Stephane Dumas
Pero el gran olvidado, el que acaparó menos focos (o ninguno) fue el director deportivo, Eduardo Pascual. Este ex jugador, que coincidió en cancha precisamente con Porfi Fisac en las filas de Palencia, ocupó el mismo cargo en Autocid Burgos antes de dar el salto a Valladolid. En el regreso de Blancos de Rueda a la ACB, Pascual sentó las bases de un proyecto que alcanzaría la sublimación en la temporada 2010/2011. La columna vertebral que formaban Steph Dumas, Fede Van Lacke, Eulis Báez y Lamont Barnes se vio complementada por grandes aciertos del director deportivo. Stanic, que venía de hacer una gran temporada en Obradoiro, supo ver qué necesitaba Fisac de él como segundo base y tuvo un papel destacadísimo en el equipo. Diego García, al que Eduardo Pascual conocía de Burgos, fue el revulsivo y el microondas en los partidos atascados. Jason Robinson, procedente de la LEB Oro, se destapó como un excelente defensor y un anotador fiable. Nacho Martín, emigrante vallisoletano a la cantera del Barça que volvió a su ciudad como un hijo pródigo y que dio muestras de lo que ofrecería en años sucesivos. Y Marcus Slaughter, pívot que apuntaba maneras pero al que Pascual convenció para que abandonara Francia y la posibilidad de jugar la Eurocup. Qué decir de Dumas, Van Lacke, Báez o Barnes. Carácter, experiencia, liderazgo y un sinfín de cualidades impagables para un equipo humilde como Blancos de Rueda.

No todo fue un camino de rosas. En abril se produjo la traumática salida de Lamont Barnes, clave para la no consecución final de los playoff. Fisac encubrió numerosos actos de indisciplina del pívot en aras de alcanzar un objetivo ambicioso e histórico. Pero el equipo no dio para más. Esa rotación tan justa que permitía mantener a todos los jugadores concentrados se antojó insuficiente al final de la liga. Pero el regusto de ese año, histórico en Valladolid, no debe quedar empañado por un final no tan álgido como pudiera haber sido.

Descubrir a jugadores en Francia o en la LEB, adivinar su potencial, saber adaptarlo a una dinámica concreta, a una liga tan exigente como la ACB, son consecuencias de un trabajo bien hecho. Ese trabajo que permitió a la afición del Pisuerga disfrutar como nunca antes había hecho del baloncesto.



jueves, 18 de octubre de 2012

Americanos

Como dice el humorista Goyo Jiménez, los americanos nos superan en todo, son superiores. Reconozcámoslo, en baloncesto, lo son.

Pero no me refiero a aspectos técnicos, tácticos o simplemente deportivos, ahí cada uno tiene un gusto y una preferencia. Estoy hablando de la concepción de juego, deporte y espectáculo que tienen respecto al basket.

Goyo Jiménez
El año pasado, sólo dos equipos de la NBA anotaron, de media, menos de 90 puntos. En lo que llevamos de ACB, de todos los encuentro disputados, 27 en total, en seis de ellos uno de los equipos superó esos 90 puntos. Es decir, de las 54 ocasiones que se han jugado, en conjunto (sumando los 3 partidos de los 18 equipos), en sólo seis se alcanzaron los 90 puntos.

Pero nadie sabe por qué está pasando esto ¿Obedece simplemente a la superioridad técnica, táctica y cualitativa de los jugadores NBA? ¿O hay algo más? Probablemente, en ambos casos. Nadie duda que, echando mano de los fríos números, el jugador número 50 de la NBA, es superior, en casi todos los aspectos, que el mejor jugador de la ACB. De hecho, José Manuel Calderón, titularísimo en TODOS los equipos de la Liga Endesa, tiene difícil serlo en Toronto Raptors.

Con estos argumentos, válidos o no, según la prensa que los analice, lo que se pretende demostrar es la superioridad en la cancha de la NBA. Bien, pero este artículo va más allá. Nada podemos hacer si los mejores jugadores del mundo no están en la ACB, pero sí podemos hacer algo para que los partidos que se disputan aquí no se conviertan en un tedioso “espectáculo”, lento y sin atractivo aparente. Los datos en cuanto a anotación san para un pormenorizado análisis, aunque nos vamos a fijar en un aspecto importante, cuyas consecuencias estamos notando desde principio de temporada.

El colectivo arbitral, tan señalado por su parcialidad y su escaso criterio, ha visto aumentadas sus competencias en este inicio de año. Parece ser que han recibido órdenes de ser más estrictos, más puntillosos con las manos y con las faltas fuera de jugada. Ya se vio en la Supercopa de Zaragoza, donde los árbitros hicieron suyo el protagonismo señalando faltas a diestro y siniestro, especialmente en la final. Hubo un periodo de tiempo en el tercer cuarto en que prácticamente en cada posesión se producía un parón propiciado por los colegiados.

¿Qué se consigue con ello? Constantes interrupciones del juego, pérdida de ritmo por parte de los equipos, imposibilidad de desarrollar los sistemas de juego propios, aburrimiento por parte de la afición y, sobre todo, una pérdida alarmante de atractivo, de espectáculo. En los dos únicos encuentros en que un equipo ha superado los 100 puntos (ambos del Real Madrid), el equipo en cuestión hizo 74 y 75 tiros de campo. En el Lagun Aro GBC-Gescrap Bizkaia, por ejemplo, hubo un reparto de 62 y 58 lanzamientos a canasta. El resultado final fue de 65-72 para los hombres de negro.

Pero, ¿a qué se debe? No es justo cargar las tintas contra el colectivo arbitral, los entrenadores, con sistemas cada vez más encaminados a la defensa, hacen un flaco favor a baloncesto patrio, pero como estamos hablando de los trencillas, argumentaremos en dicha dirección. Hay una ley obvia y lógica que, a más lanzamientos a canasta, más puntos se consiguen, sobre todo si asignamos un porcentaje estándar de un 50% a los tiros de 2 y un 40% a los triples. Y es una verdad de Perogrullo que se suma más con los tiros de campo que con los lanzados desde el 4,60.

Así, a más faltas, más tiros libres, menos tiros de campo, menos puntos, más interrupciones, menos espectáculo, menos posibilidades de ver a los buenos jugadores por el problema de las faltas y más aburrimiento general.

En Europa somos muy clásicos y no nos gustan los pasos de salida, los 3 segundos en zona, la permisividad bajo canasta o torcer la vista a cierto tipo de faltas. Pues bien, he de decir que, cada vez más, el basket continental me aburre, por culpa de unos y otros; que los árbitros adquieren un protagonismo que ni se merecen ni deben desempeñar y que vamos encaminados a partidos a 70 puntos, cuando no menos

Y eso tiene una consecuencia directa: las audiencias. Hay más espectadores un viernes por la noche en el partido NBA que da Cuatro que un domingo por la tarde en el partido ACB de La 1. Para hacérnoslo mirar.

Por una vez, y sin que sirva de precedente, Goyo tiene razón: me quedo con los americanos.


viernes, 5 de octubre de 2012

El poder de la sonrisa

Cuando hablamos de baloncesto, lo hacemos de un deporte de equipo, donde la necesidad del conjunto se sobrepone por encima de las individualidades, de los sujetos. La fuerza de la unión, o la unión hace la fuerza, tanto monta monta tanto. Después de este trabalenguas del imaginario español, permítaseme anunciar mi conclusión en el primer párrafo, desoyendo las reglas periodísticas básicas: divertirse jugando a un deporte, seguro, provoca el disfrute propio y ajeno.

Magic Johnson
Aquellos iluminados que expresan, que denotan felicidad, que sonríen; son ellos los que consiguen enganchar al personal. Porque cuando empiezas en esto no tienes ni idea de nada (y aún hoy me considero exactamente igual), simplemente te fijas en ese jugador que transmite, al que se le ve divertirse en la cancha. Tuve la suerte que mis primeros recuerdos deportivos coincidieron, a una edad muy, muy temprana, con los Juegos Olímpicos de Barcelona. Dos imágenes no se me borrarán de mi memoria y ambas representan como ninguna lo que trato de explicar: Fermín Cacho cruzando la meta del Olímpico ganando la medalla de oro en 1.500; y Magic Johnson. Magic en su totalidad, sonriendo en el pódium, en la cancha, en el banquillo, en cualquier sitio.

Mi seguimiento de la NBA, no me importa reconocerlo, comenzó con la españolización de la misma. Obviamente, sabes quien es Michael Jordan y conoces el 72-10 de los Bulls, pero cuando empiezas a leer crónicas, a ver partidos y a conocer a jugadores es cuando llega Pau Gasol a los Grizzlies.

Pues bien después de este peñazo, y voy a centrarme porque me desvío, hay una persona, un jugador, un mito que me hizo engancharme a la NBA, al baloncesto: Magic Johnson. No sólo por su juego, ni por sus títulos, si no por su sonrisa, porque se divierte en la cancha. Y es que entiendo que el deporte es eso y que quizá se ha ido perdiendo esa esencia, pero es algo que debemos recuperar.

Nos hemos cansado de ejemplificar la palabra equipo en la figura global de la selección española de baloncesto. Con sus fisuras lógicas de un grupo de 12 jugadores diferentes, la importancia del grupo se ha considerado como clave en los éxitos conseguidos. Más allá, extraigo la conclusión de la diversión, de la cohesión que da compartir la felicidad.

¿No nos hemos divertido viendo las medallas olímpicas de España? ¿Acaso no disfrutamos viendo el juego del Madrid de Laso, con toda esa vehemencia ofensiva? Lo que parece claro es que la concepción del deporte que cada uno tenga, marcará la visión de un equipo, de un entrenador, de una filosofía, de un jugador.

Para mi fue Magic el que sembró la semilla de lo que yo considero deporte, sin abandonar la competitividad, pero sin perder la sonrisa, la pasión por lo que haces y la felicidad de hacerlo. No perdamos la perspectiva.

sábado, 29 de septiembre de 2012

La indeterminación de Rudy

Finales de octubre de 2008. Rudy Fernández debuta en la NBA en el Staples, ante Los Ángeles Lakers. Anota 16 puntos y enseña al mundo lo que ya hizo en Badalona y en los Juegos Olímpicos de Pekín. Nadie dudaba de que triunfaría en la mejor liga del mundo. 

Hoy, casi cuatro años después, el mallorquín ha dado un paso atrás para volver a convertirse en un referente europeo.

 Ríos de tinta han corrido ensalzando las virtudes y empequeñeciendo sus defectos con tal de defender su estancia en la NBA con un estatus de titular. Su presencia en EEUU ha sido más que aceptable, con casi 25 minutos por partido, pero desde España se pedía más: más minutos, más tiros, más juego para él, más confianza. Y es que la clave de Rudy se ha marcado en la confianza, teoría que se desploma por sí sola cuando, en su última temporada, en Denver, disfrutó de mucho tiempo en cancha, con un juego que le favorecía y con un entrenador que sí confiaba en él. Sí, la lesión, pero cuando estaba sano seguía sin rendir. 

Fernández después de ganar la supercopa de España.
No debe malinterpretarse este artículo, no es una crítica ni un menosprecio a Rudy. Simplemente tratamos de enmarcarlo, de situarlo en su posición real, en su medio perfecto; tarea, por cierto, harto complicada si estamos ante un jugador tan determinante y tan indeterminado como Rudy. 

Tirando de física, el Principio de Indeterminación de Heisenberg, en líneas generales, nos dice que hay ciertos pares de variables físicas, tales como la posición y el movimiento lineal de una partícula, que no se pueden determinar simultáneamente y con precisión arbitraria. Cuanto más se “lucha” por centrar y ubicar esa posición, menos se conoce su movimiento y su velocidad. Por tanto, podemos decir que las partículas en movimiento no tienen una trayectoria definida. 

Después de este rollo físico, estableceremos la analogía: Rudy es una partícula cuyo movimiento lineal y velocidad estaban encaminados a triunfar en la NBA, asentarse en un equipo (o varios equipos) en un rol de sexto-séptimo hombre y disfrutar de varios años jugando al baloncesto del mejor nivel posible. Desde España, la prensa deportiva no cejó en su empeño de modificar esa variable, esa trayectoria definida, para cambiar diametralmente su velocidad y su trayectoria. 

Rudy, ambicioso y ganador, quería más y su entorno de confianza no encontraba acomodo en la NBA. No quería ser cola de león. Quería ser cabeza, de ratón o de lo que fuera, pero cabeza. Y en el Real Madrid lo es. Basta decir que el año pasado, en nueve partidos de blanco en ACB, promedió 16.6 puntos, 3.7 rebotes, 2.6 asistencias, un 63.8% en tiros de 2 y un 38.3 en triples en casi 26 minutos de juego. Números que sobrepasan ampliamente los guarismos alcanzados en sus temporadas de Portland y Denver. 

Simplificando el argumento, estamos ante una indeterminación, porque el futuro de Rudy admite muchas soluciones. La que ha elegido el jugador es ser dominante en Europa, conseguir éxitos dentro de un círculo de confianza, ser el “jugador franquicia”, ganar la Euroliga, etc… No le bastaba con ser un role player. Quería ganar, ser importante. Y Rudy tiene determinación de sobra para conseguirlo.