Finales de octubre de 2008. Rudy Fernández debuta en la NBA en el Staples, ante Los Ángeles Lakers. Anota 16 puntos y enseña al mundo lo que ya hizo en Badalona y en los Juegos Olímpicos de Pekín. Nadie dudaba de que triunfaría en la mejor liga del mundo.
Hoy, casi cuatro años después, el mallorquín ha dado un paso atrás para volver a convertirse en un referente europeo.
Ríos de tinta han corrido ensalzando las virtudes y empequeñeciendo sus defectos con tal de defender su estancia en la NBA con un estatus de titular. Su presencia en EEUU ha sido más que aceptable, con casi 25 minutos por partido, pero desde España se pedía más: más minutos, más tiros, más juego para él, más confianza. Y es que la clave de Rudy se ha marcado en la confianza, teoría que se desploma por sí sola cuando, en su última temporada, en Denver, disfrutó de mucho tiempo en cancha, con un juego que le favorecía y con un entrenador que sí confiaba en él. Sí, la lesión, pero cuando estaba sano seguía sin rendir.
| Fernández después de ganar la supercopa de España. |
No debe malinterpretarse este artículo, no es una crítica ni un menosprecio a Rudy. Simplemente tratamos de enmarcarlo, de situarlo en su posición real, en su medio perfecto; tarea, por cierto, harto complicada si estamos ante un jugador tan determinante y tan indeterminado como Rudy.
Tirando de física, el Principio de Indeterminación de Heisenberg, en líneas generales, nos dice que hay ciertos pares de variables físicas, tales como la posición y el movimiento lineal de una partícula, que no se pueden determinar simultáneamente y con precisión arbitraria. Cuanto más se “lucha” por centrar y ubicar esa posición, menos se conoce su movimiento y su velocidad. Por tanto, podemos decir que las partículas en movimiento no tienen una trayectoria definida.
Después de este rollo físico, estableceremos la analogía: Rudy es una partícula cuyo movimiento lineal y velocidad estaban encaminados a triunfar en la NBA, asentarse en un equipo (o varios equipos) en un rol de sexto-séptimo hombre y disfrutar de varios años jugando al baloncesto del mejor nivel posible. Desde España, la prensa deportiva no cejó en su empeño de modificar esa variable, esa trayectoria definida, para cambiar diametralmente su velocidad y su trayectoria.
Rudy, ambicioso y ganador, quería más y su entorno de confianza no encontraba acomodo en la NBA. No quería ser cola de león. Quería ser cabeza, de ratón o de lo que fuera, pero cabeza. Y en el Real Madrid lo es. Basta decir que el año pasado, en nueve partidos de blanco en ACB, promedió 16.6 puntos, 3.7 rebotes, 2.6 asistencias, un 63.8% en tiros de 2 y un 38.3 en triples en casi 26 minutos de juego. Números que sobrepasan ampliamente los guarismos alcanzados en sus temporadas de Portland y Denver.
Simplificando el argumento, estamos ante una indeterminación, porque el futuro de Rudy admite muchas soluciones. La que ha elegido el jugador es ser dominante en Europa, conseguir éxitos dentro de un círculo de confianza, ser el “jugador franquicia”, ganar la Euroliga, etc… No le bastaba con ser un role player. Quería ganar, ser importante. Y Rudy tiene determinación de sobra para conseguirlo.
1 comentarios:
Totalmente de acuerdo. Rudy tenía un perfil de 6º hombre ideal para casi cualquier equipo NBA, aunque me alegro de disfrutarle en el madrid ahora
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